Lisboa y sus museos · Crónicas de una viajera solitaria ·
Siguiendo un orden cronológico, debo decir que mi llegada no fue particularmente grata, ya que estuve una hora esperando el bus que tenía que llevarme al centro, pasada la hora me rendí y me desplacé en tren (que no había elegido en un principio porque tomarlo suponía hacer transbordos). Afortunadamente el resto del viaje fue sobre ruedas.
Aún así, aproveché la parada en la que debía de cambiar de tren para explorar un lugar que no estaba en mi lista de sitios pendientes a visitar. Se trataba de la Estufa Fría de Lisboa, un precioso jardín botánico formado por cientos de plantas exóticas de los cinco continentes. Además, el día de la semana que fui se podía entrar de forma gratuita, lo que fue una grata sorpresa. Antes de llegar al hostel en el que me iba a hospedar, paré en un supermercado para comprar algo de fruta y galletas a modo de desayuno para los próximos cinco días de mi estancia.
Debo decir que, pese ir con el Google Maps en mano, me sorprendió no encontrar apenas ningún supermercado. Cuando llegué al hostel ya era hora de comer, así que compartí mesa junto a dos hermanos vascos muy majos que habían hecho un recorrido por todo el país pero ajeno a la información que ofrece internet. De hecho, me dieron varias ideas bastante buenas que acomodé como pude en mis planes en Lisboa. Esa misma tarde salí a dar una vuelta pese a la lluvia, pero tomé una muy mala decisión: tomar el tranvía 28. ¿Y por qué es tan mala idea? Sencillamente porque al ser un tranvía que recorre varios lugares de interés y que sube la colina en la que se encuentra el Castillo de San Jorge, ha ganado mucha fama en internet, así que la cola para subir era enorme, fallaba con frecuencia en las pendientes y acabé tan agobiada que me bajé a mitad de camino. Una prueba más del daño que ha hecho la saturación gracias a internet (aunque debo decir que yo al ir también me hice partícipe del fenómeno… por supuesto, mi ausencia tampoco habría cambiado nada). Una vez fuera del tranvía, di media vuelta hacia el centro de la ciudad y aproveché para comprar algunos recuerdos (cosa que suelo hacer el último día). También di con un mirador del que no había oído hablar antes pero que me habían recomendado los hermanos vascos y desde el que pude tener una vista de 360º de la ciudad.
Ese día, también pude ver otros lugares muy curiosos como la librería más pequeña del mundo y el Museo de la Moneda, que no solo hablaba de monedas, sino de otros objetos de cambio que se han usado a lo largo de la historia y del comercio de esclavos. El último día en Lisboa me lo tomé con más calma. Me dediqué a callejear por el Barrio Alto, donde el arte urbano se asomaba en cada esquina, y visité el Museo Arqueológico de Carmo, un convento incompleto donde ahora tienen una exposición arqueológica de la cultura Inca, con dos momias incluidas. Me gustó mucho cómo aprovecharon ese espacio para convertirlo en un museo, así que también pude conseguir bastante información para mi trabajo de final de máster. Ese día me atreví a subir de nuevo en el Tranvía 28 ya que era la opción más viable para llegar al Castillo de San Jorge. Como aún no llovía, no había tanta saturación como el primer día, así que pude llegar sin problemas y disfrutar del Castillo y de unas croquetas de bacalao.
Para terminar este asombroso viaje, fui a visitar el Museo do Aljube, una antigua cárcel de la dictadura salazarista convertida en un museo dedicado a la resistencia portuguesa, a la historia de la Portugal bajo la dictadura de Salazar y la lucha por la independencias de las colonias que estaban bajo el control portugués en África. Lo que me generó más curiosidad fue una carta en la que se solicitaba la censura de dos canciones, entre ellas “Os Vampiros”, una vieja canción contra el fascismo, y una parte de la exposición que tendría que ser parada obligatoria para todo el mundo (aunque no todo el mundo esté listo para verlo), en la que mostraban las consecuencias a corto plazo sobre el cuerpo y la mente humana de algunas torturas que aplicaban en los interrogatorios.






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